martes, septiembre 15

El sistema electoral español: así funciona la ley D’Hondt

Cada noche electoral se repite la misma escena: un partido obtiene más votos que otro y menos escaños. No es un error de recuento, es el diseño del sistema. Así funciona.

La circunscripción es la clave

En las elecciones generales, la circunscripción es la provincia. Cada una elige un número de diputados y el reparto se hace dentro de cada provincia por separado, no a nivel nacional.

Cada provincia tiene un mínimo inicial de escaños y el resto se distribuye en proporción a su población. Eso significa que el coste en votos de un escaño varía enormemente de una provincia a otra: en las menos pobladas, un escaño se consigue con muchos menos votos que en Madrid o Barcelona.

Es el factor que más distorsiona la proporcionalidad, más incluso que el método de reparto.

El umbral

En elecciones generales, las candidaturas que no alcanzan el 3% de los votos válidos en su circunscripción quedan excluidas del reparto. En provincias pequeñas el umbral efectivo real es mucho más alto, porque con pocos escaños en juego hace falta un porcentaje muy superior para obtener uno.

Cómo funciona D’Hondt

Es un método de divisores. Para cada candidatura que supera el umbral, se divide su número de votos entre 1, 2, 3, 4 y así sucesivamente hasta el número de escaños de la circunscripción.

Después se ordenan todos los cocientes resultantes de mayor a menor y se asignan los escaños a los cocientes más altos, hasta agotarlos.

El efecto práctico es que favorece ligeramente a las candidaturas más votadas dentro de cada circunscripción, penalizando a las que quedan en posiciones intermedias.

Qué partidos salen beneficiados

Dos perfiles muy distintos:

  • Los partidos grandes, por el efecto del método de divisores.
  • Los partidos con voto territorialmente concentrado, que rentabilizan muy bien sus apoyos en pocas provincias.

El perjudicado típico es el partido con apoyo disperso y de tamaño medio: suma muchos votos repartidos por toda España sin llegar a ser primera fuerza en casi ninguna provincia.

El debate sobre su reforma

Quienes defienden cambiarlo argumentan que el sistema actual distorsiona la representación y que una circunscripción única o autonómica sería más proporcional.

Quienes defienden mantenerlo sostienen que garantiza representación a los territorios menos poblados, favorece la gobernabilidad y evita una fragmentación excesiva del Parlamento.

Cualquier cambio exigiría reformar la ley orgánica del régimen electoral y, en algunos supuestos, la propia Constitución.

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