

De todas las cosas horribles que Maricarmen ha tenido que soportar estas semanas, ninguna tan cínica como la estulticia de quienes se preguntaban indignados por qué ella y no otro de los miles de desahucios que se ejecutan cada año; como si fuera culpa de ella, como si fuera ella quien nos debiera una explicación
Muere Maricarmen, la mujer que convirtió su lucha por la vivienda en un clamor que recorrió España
No tardará algún ilustrado en salir a explicarnos que Maricarmen ha muerto por su propia culpa y que ella se lo ha buscado. No tardará algún coloso intelectual en salir a asegurarnos que se lo había merecido y que ha sido justicia poética. No esperen piedad, ni compasión. De respeto ya ni hablamos. La vergüenza es un lujo que no se pueden permitir cuando el poder está tan cerca.
Ahora que ha muerto a Maricarmen hay que volver a matarla y con más razón. No vaya a ser que vuelva. Decía siempre Rubalcaba que en España se entierra muy bien, pero no tanto.
Tampoco faltará quien salga a tratar de apropiarse de su muerte. Pocas cosas tan transversales como la miseria moral. Pero Maricarmen es de nadie. Sigue viva en la protesta y el activismo social que nos deja como herencia.
De todas las cosas horribles que Maricarmen ha tenido que soportar estas semanas, ninguna tan cínica como la estulticia de quienes se preguntaban indignados por qué ella y no otro de los miles de desahucios que se ejecutan cada año; como si fuera culpa de ella, como si fuera ella quien nos debiera una explicación, como si fuera culpa suya haberse convertido en un símbolo.
Ahora ya sabemos que la muerte tiene un precio en España: tres veces el alquiler que pagas hoy. No lo olviden cuando escuchen a alguno dar su más sentido pésame.
Antes de que Isabel Díaz Ayuso haga algún comentario jocoso a manera de obituario o la incluya en sus memorias más íntimas, dediquemos solo un minuto de nuestro tiempo a quedarnos callados y recordarla como se merece para agradecerle que nos empujara sin saberlo a confrontar la cruda realidad que preferimos ignorar: en España la riqueza se crea y se destruye, pero nunca se reparte.
Su piso cerca del Retiro ahora sí queda libre y sin cargas. España, paraíso para los emprendedores. No dejéis pasar la oportunidad, winners.
